Carnavales 2011.

Pocos, pero buenos.

Después (creo que sería mejor decir antes) del baño de carnavales, el cual fue un éxito rotundo de asistencia como podréis ver el día de la cena, algunos de los asistentes nos quedamos algo pensativos al respecto. Cierto es que ésta sensación sólo duró los minutos que tardamos en ponernos el traje y los demás enseres que componían el disfraz, también al salir del agua y una vez cambiados, los dos minutos (como mucho) que tardamos en llegar a la Triangu donde nos tomamos una merecida cerveza.

En una primera instancia, el chico Guay Guay, el Moro despistado y el propio Mickey Mouse (por llamarle de alguna manera) se encontraban en el parking dispuestos a divertirse y preguntándose si llegaría alguien más a tiempo. A las 16.00 h largas y convencidos de que serían los únicos , se dirigieron al agua.

Hace un par de días un amigo y socio del club comentaba; “los años anteriores, en este día, los disfraces apañados sobre el neopreno daban un toque pintoresco al parking. Este año, lo pintoresco del paisaje con tres individuos disfrazados allí, les daba un toque a éstos de verdaderos chalados perdidos en el parking”.Parece que la descripción era bastante acertada.

Sin embargo, la cosa no quedó ahí. Una vez que los tres del Apocalipsis se habían forrado a coger olas (por cierto, la edición con mejores olas), se vio llegar al pico al propio Neptuno (con tridente incluido). Nuestros fotógrafos (Rafa Aspiunza e Iñaki Arsuaga) no daban crédito. Si lo de antes ya era para cortarse las venas, ésto llegaba al límite. Neptuno, con tridente y todo metiéndose al agua y cogiendo olas, más bien la ola por que cogió una que en la orilla le desarmó por completo el disfraz y estuvo a punto de ahogarle.

Previamente los tres primeros cogieron olas de uno en uno, de dos en dos y de tres en tres. Los pocos surfers que curiosamente había en el agua, miraban con algo de extrañeza y ligera envidia, creo, el cachondeo que se traían los disfrazados. La verdad es que incluso ellos disfrutaban del espectáculo. Con Neptuno el delirio llegó a su apogeo y entonces la ola era ya de cuatro.

En el último momento entró otro socio (que por cierto se daba su baño de bienvenida), Ignacio Pérez, que no tuvo tiempo de disfrazarse pero allí estaba cogiendo olas y disfrutando. Como él mismo explicó, sólo disponía de un sombrero en el coche para dar la apariencia de un disfraz y así poder pasar desapercibido entre la orgía de disfraces del agua pero su mujer le amenazó con dormir en el sofá si se le ocurría ponérselo para entrar al agua y lógicamente destrozarlo. Con buen criterio, lo dejó en el coche.

Después de este resumen, supongo que cualquiera entiende esos primeros momentos de duda. Sin embargo, como hemos dicho, fueron sólo unos instantes. En cuanto empezamos a hablar de lo bien que lo habíamos pasado se disiparon. Echamos de menos a todos aquellos que en esta ocasión no habían podido acompañarnos.

Vistas las fotos del baño días después, creo que no hay mucho más que decir. Esperamos con ansiedad el próximo año y confiamos en que la gente se anime, ya que al menos todavía, por hacer un poco el ridículo no multan.


El Presi, Marzo 2011