Primer encuentro de viejos tabloneros ...

... o el "Circo Volante" de Von Richtofen.

"Esto es una dulce venganza" iba diciendo Rafa con risilla de niño malo. Y mientras remontaba hacia el pico, un par de niñatos le miraban con cara de estar de acuerdo y, además, de ser las víctimas de la misma.

La playa de Sopelana no está acostumbrada a fenómenos como el del sábado pasado. Estoy por atreverme a asegurar que somos la primera generación que se encuentra en condiciones de reunir a una quincena pasadita de tíos entre 40-50 años, meterlos a todos al agua con los respectivos tablones y pasárselo de puta madre haciendo lo que más nos gusta: pillar olas.

La convocatoria del 6 de octubre fue un completo exitazo. El dia anterior nos vimos algunos en la playa y no podía pintar peor: cielo gris, sirimiri, olas pequeñajas y revueltas, frío... una mierda. Y el sábado amaneció tal que así así. La webcam de Peñatxuri mostraba, a principios de la mañana, un funeral del mar de lo más poco apetecible.

Y no se sabe por qué razón, cuando nos reunimos los primeros tablones a las 4 de la tarde, el día estaba ya despejado con un sol brillante e incluso había algunas olitas. ¿Se apiadó Neptuno (que también tiene más de 35 tacos) de nosotros? Pues igual sí. Primero entramos 3, por aquello de no abusar. Pero en cuanto cogimos un par de olas entraron otros 3, luego empezaron a llegar de forma desperdigada y en menos de 20 minutos éramos una turba descontrolada de diecimuchos tablones copando todo el pico y sin casi espacio para maniobrar nosotros mismos.

Habia olitas pero tampoco tantas así que algunos empezaron a pillar de 2 en 2. Bueno, y ya puestos, pensó otro, ¿por qué no de 3 en 3? Oye, que igual cabe otro... y mismamente lo mismo que los elefantes en la tela de la araña se iban sumando tabloneros según la habilidad y la ola lo permitiera. No sé en dónde se fijó el récord: en 4 seguro, y me pregunto si no hubo alguna de 5.

Y mientras tanto, en segunda fila, todo el elenco de jóvenes de la orillera miraba alucinado a la confusa masa de viejos que tenían delante, los cuales no paraban de dar grititos de niñas histéricas, empujarse unos a otros, descojonarse de risa y pasarse por el forro todas las normas de comportamiento y prioridades en el agua. Todo ello con el increíble saldo de un único encontronazo con chichón incluído en la persona de Carlos (afortunadamente, el golpe fue en la cabeza o sea que no tememos por su vida).

Luego, cuando finalmente nos hartamos de hacer el indio, para alivio de todos los demás, nos reunimos en la sede a tomarnos unas cañas con tortilla de patata. Y hablar por los codos hasta que cerró la noche y el núcleo duro se disolvió a eso de las 21:30.

Este cronista les jura a todos ustedes, caballeros, que no se acuerda del último dia que se lo pasó tan bien, se rió tanto y se pilló olas tan divertidas como las del sábado. Presi, ¡¡lo que te perdiste!!...

Germantxu, Octubre 2007