Cena Anual 2006 -10 de Noviembre 2006.

Primera cena de socios en Jolaseta, con sesión de vídeos y diapositivas.

Nuestro incansable presidente, y acólitos abnegados, montaron el viernes una bonita cena revival en Jolaseta a la que acudimos una buena porción de los contribuyentes. Menú estupendo y agradecido para una treintena de viejas glorias con ganas de pasarse un buen rato recordando una manera de vivir el surf y toda una época de nuestras vidas.

Después de la cena nos hicimos una sesión de audiovisuales en que, para variar, no vimos las proezas de gentes como Mark Richards, Nat Young o Gerry Lopez, a ésos ya los hemos visto muchas veces. Esta vez eran Gonzalo, Magoo, los Vilallonga, los Fernández... éramos nosotros. A ver quién es capaz de no emocionarse viendo a Julio, que estuvo magnífico en su papel de cronista popular, contarnos su primer surfari en furgoneta por la costa cántabra un remoto verano de 1974. Total, solo son 32 los años que han pasado desde entonces; casi nada.

Tal vez estemos un poco chochitos ya pero el caso es que, entre el blanco y negro, el desenfoque y la pobre calidad de las fotos se filtra una cálida sensación de que fueron buenos tiempos: el pico no está lleno de indocumentados, la playa está limpia y las olas parecen incluso diferentes. Las tablas, todas singles, bonitas, estilizadas, con toda la masa delante y estrechándose poco a poco hacia atrás con aquellas colas de golondrina, de avispa y qué se yo qué inventos. Y no hablemos de las quillas, aunque aquello eran más orzas que quillas. El que tenía suerte se podía pillar una Lightning Bolt o una Gordon&Simth y el que andaba más justo, a echar mano de la producción nacional: las Jerónimo, Bong, Diorane&Boris, Génesis... ¿Y las chicas? Esas melenas desparramándose por los hombros y la espalda, esos bikinis pop floreados, esa moda hippie "hachazo"... ¡¡joder!! ¡¡que no somos de piedra!!

Se echa en falta aún el impagable documento gráfico que nos retrata a un joven José Luis (que a juzgar por el envidiable apetito que muestra esta más guerrero que nunca), armado con una tronco-board que, a falta de invento, está firmemente asegurada a su cintura con una cinta de persiana (¿?), inaugurando los picos cantábricos en 1964. Sabemos que existe pero aún no lo hemos visto.

Durante la cena, a Wences se le escapó un nostálgico "pagaría por volver a aquellos días". Un poco exagerado y seguramente motivado por el vino peleón de Jolaseta, sí, pero sin duda representativo de lo que pensamos unos cuantos al ver la antigua orillera de Ereaga y su movidilla en la curva, el aparcamiento de Sope repleto de seiscientos, dianne seis, ciento veintisietes y la volkswagen de algún afortunado. Más tarde, mientras veíamos unos vídeos de Mundaka a mi mismo se me escapó otro comentario mientras se veía a tres tíos remando la misma ola: "antes compartíamos la olas mucho más ¿no?". La gente se rió con ganas pero en realidad no pretendía ser un chiste, el comentario iba completamente en serio. Dejando aparte a aquel sector oscuro de Peñatxuri (no cito nombres para no herir susceptibilidades), lo cierto es que el surf era algo más relajado, íbamos a la playa y nos tirábamos todo el día allí, de 10 de la mañana a 10 de la noche, de charleta, o sesteando, o echando unas palas por turnos con Malayas (por turnos porque era imposible aguantar su ritmo más de media hora). Nos dábamos un baño a la mañana, otro al mediodía y otro por la tarde, pero con tranquilidad, había mucho tiempo.

La cosa ha cambiado: ahora está todo abarrotado de gente que no tenemos ni idea de dónde rayos ha salido, los deliciosos chiringuitos, donde tipos como el gallego o el marroquí te ponían unos bocadillos de tortilla de patatas que te cortaban la respiración, han sido barridos por las normativas y las putas banderas azules, llegar a la playa de Ogella ya no es una aventura digna de un piloto de rallies y ya no nos jugamos la vida bajando por el acantilado para pillar Barrika. El surf se ha vuelto agresivo, ya no es una forma de pasar la vida sino un deporte: se va a la playa, se pillan unas olas y se vuelve. Las playas se han vuelto inhóspitas, sucias, sin alma. Tienen hora de cierre y necesitan que las rastrillen todos los días para que no se conviertan en un estercolero.

Pero que nos quiten lo bailao, como decía Rafa sin parar mientras iba pasando las fotos por el proyector. La verdad es que nos lo pasamos de puta madre entonces y nos los seguimos pasando igual ahora viendo aquellas fotos. Con la me quedo de todas ellas, paradójicamente, no es ninguna de las que nos muestran lo buenos que fuimos antaño, sino ésa en la que un Bernardo, en calcetines y con cara de alucinado, se baja una ola imaginaria en el pasillo de su casa sonriendo a un futuro que ya está aquí.

Germantxu